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Segundo Viaje |
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Viaje 2o.
Ranajuato
"El país de los laberintos empinados".
Incluido
en el cuaderno de Las Imágenes I, este viaje fue bendecido por la sagrada
presencia de Gogol nuestro señor, quien llegó al
Cotton Club para darles sus
bendiciones a los viajeros. En esta gráfica se ve a Sir Peri, Sir Oz,
Sir Trincardo, Sir Ajab y
(ponerse de pie) Su Graciosa Empresarialidad 'El Adelantado' Don David Anaya de
Gogol®. Quien ataviado está con su traje del primero de los viajes a
los territorios comprados por él. Aunque el mismo no habría de
acompañarles, pues partía para
Estigmia esa misma noche, al
igual que lo hacía Sir Peri, si bien el uno no sabía que el otro
iba para allá y el otro, no sabía que el uno iba para allá.
En tanto que los tres aventureros del segundo viaje de HAGEDIS, partían
primero para el Santiamen del norte, pues tenían boleto para uno de los
países de la Tierra
Masmediana.
Viajaron toda la noche y cuando al fin se encontraron en pleno centro de Ranajuato, el reino de Gogol todavía dominaba esa parte del mundo, las tinieblas no dejaban aún paso al dominio de la luz y Sir Trincardo ya se había cansado de cargar su maleta. Pero si entraban a un hotel a esa hora, les iban a cobrar un día completo, siendo que de esperar un par de horas ahorrarían ese dinero, como lo manda uno de los preceptos principales del manual del perfecto viajero, ya que gastar mucho en el hospedaje no tiene ningún sentido. Caminaron entonces hacia la parte más alta de aquel país, el monumento al pípila. Desde entonces se dieron cuenta de que aquello era un laberinto; una trampa tendida para ellos por el mitológico Ginotauro. Trampa en la cual cayó sólo Sir Trincardo, pero esa historia será contada más adelante, pues antes se detuvieron en el callejón del beso, donde cuenta la leyenda que una doncella enamorada del mozuelo de enfrente, se veía diariamente con él. Pero resulta que el padre de la niña no veía con gusto esa relación; los acontecimientos se precipitan y el padre de la niña termina con la vida de su hija para siempre (como suele suceder en estos casos).Así pues, toda pareja de enamorados que pasa por ese lugar debe subir al segundo escalón y darse un beso porque sino... UUUUTTTTTs. Allí Trincardo le dió un beso a Pipo, la mascota de Sir Oz, cumpliendo de esta forma con el lugar.
Después de encontrar el camino hasta la cima, Sir Trincardo Corazón de Neón no podía proseguir en tan grande empresa pues su mochila pesaba mucho. Mas Sir Ajab y Sir Oz no estaban dispuestos a pagar un día completo de hospedaje por tan sólo una hora que les restaba para poder alojarse con la tarifa de un nuevo día. Sin embargo, Sir Trincardo pedía piedad e incluso propuso pagar la diferencia del precio, pero no era solamente eso, pues los Caballeros Lagarto querían dar al 'Señor de los albures' una lección para que aprendiese a andar ligero por el mundo. Al llegar a la cima y ver la hermosa vista panorámica de la ciudad, las lágrimas de Sir Trincardo, que lloraba por ir a descansar de su equipaje, conmovieron a Sir Ajab y a Sir Oz e iniciaron el descenso hasta la plaza de la unión y vieron los árboles cuadrados. Por unos cuantos pesos se hospedaron en el Hotel Central y Richarito finalmente pudo descansar de su mochila, la cual siguiendo las divinas enseñanzas de Gogol su hermano, estaba repleta de cosas inservibles.
Salen de su hotel y desayunan antes de proseguir con el viaje. Una vez reconstituidos sus estómagos, el paseo continúa por las bellas calles de este enigmático sitio. En esos momentos caminan solamente hacia donde su instinto los guía, grandes puentes ven ellos tres, puentes que surcan la ciudad, altas bardas rodeadas de enredaderas, adoquines en muchas de las aceras, calles que suben y bajan por todo el rededor, túneles que cruzan por debajo de la ciudad llevándolos de un extremo al otro... mucho fue en verdad lo que vieron sus ojos antes de llegar donde el museo de las momias, el más famoso del lugar y visita obligada de cualquier paseante. Una vez que hubieron entrado, visto el lugar y salido de éste. Sir Trincardo se apresuró a comprar algunos souvenirs. Vió un cenicero decorado que le gustó mucho, pero tenía un ligero defecto; una pequeña mancha de la pintura utilizada en el cenicero, por lo que Sir Trincardo le preguntó a la mujer que lo atendía :
¿Oiga, esto se quitará con agua mojada?
Lo cual dejó sorprendida a la mujer, quien por respeto nada dijo, pero como eso no era remedio suficiente, de cualquier forma compró el cenicero. Luego de este penoso incidente, regresaron al centro de Ranajuato y estuvieron en las escaleras de la universidad, desde donde vieron al Gallo Pitagórico y tomáronse algunas fotos y unas aguas frescas para mitigar la sed.
Cuando
pasan de nueva cuenta por la Plaza de la Unión, ven un letrero que
anuncia un concierto de música antigua muy antigua. Compran los boletos,
que son excesivamente baratos, ya que incluyen la transportación
Ranajuato-Valenciana-Ranajuato, el concierto y el coctel después del
mismo. Pero luego de tanto andar y todavía sin habituarse a esa vida de
viajes. Sir Trincardo y Sir Oz siguiendo las divinas enseñanzas de su
empresarialidad, se quedan dormidos en el hotel, mientras Sir Ajab se lanza solo
a recorrer Ranajuato, siguiendo el precepto sabinesco de que 'Morirse debe
ser dejar de caminar.'. Llega hasta el museo de las leyendas de Guanajuato,
donde escucha la leyenda del Ginotauro; un animal que disfrazado de bella mujer,
embruja a los hombres y los vuelve más idiotas de lo que ya son.
Cuando
Sir Ajab regresa, aún no se han levantado sus compañeros de viaje,
quienes no tardan en volver en sí. Se bañan y salen hacia donde ya
los esperaba el corcél literio
que habría de conducirlos hasta la Valenciana. Escucharon el concierto,
que fue de su total agrado, incluso para la incultura de Sir Trincardo Corazón
de Neón. Luego se dirigirían al coctel que allí mismo se
organizó y conocerían al Demonio
de segunda especie de Ranajuato, quien les contó que esa iglesia había
sido construída mucho tiempo antes por el hábil y conspicuo
arquitecto Juan de las Pelotas.
Pero el peligro los esperaba ahí mismo, pues ya el ambiente se había venido preparando durante todo el viaje y finalmente el Ginotauro hizo su aparición. Una linda chica se encontraba en el coctel y Sir Oz y Sir Ajab se acercaron para hablarle ya que el mas joven de los Caballeros Lagarto tuvo miedo de hacerlo. Pronto se dió cuenta Sir Ajab del peligro e inmediatamente entró en meditación, en tanto que Sir Oz se dejó llevar por el influjo temporal del hechizo. En tanto, el señor de los albures, por ser la mente mas débil de las tres, sucumbió inmediatamente y como el monstruo, al preguntarle su edad se dió cuenta de porqué era tan idiota, le lanzó su más potente embrujo y le dijo: "Bueno ya me tengo que ir... que crezcas mucho", dejando a Sir Trincardo embrutecido hasta nuestros días. Ya Sir Ajab y Sir Oz lo cargan en vilo hasta el hotel pero es demasiado tarde: el muchacho estaba condenado.
La
mañana llegó y con ella el día siguiente. Caminaron hasta
la Plaza del Amanecer, donde vieron las bellas calles del lugar sin la
interrupción de la gente. Los Caballeros Lagarto fueron luego por donde
Sir Ajab había andado el día anterior. Vieron muchas cosas muy
interesantes, sin saber que una gran recepción se les preparaba, pues los
altos dignatarios del lugar, sabedores de la real encomienda de los caballeros,
(quienes portan la palabra de Dios por todas sus posesiones) hicieron un gran
homenaje a tan nobles personajes. Éstos al entrar al Palacio de Gobierno
descubrieron con sorpresa el sitio para ellos reservado.
Un gran escritorio y las sillas de los tres personajes mas importantes de la
ciudad les habían sido reservados. Nobles y respetuosos como nunca lo han
sido de las cosas de la política, se tomaron la fotografía y
salieron de allí en el acto, pues para ellos era mas importante en ese
momento curar a Sir Trincardo quien continuaba hechizado gritando"Que
crezcas mucho mi amor", pero además otra frase se había
apoderado de su cere...,bueno; repetía constantemente otra frase,
¿Rayito me oyes? pues se acordaba de su amada, la hermana de Su
Pusilanimidad
Luisinsesos. Algo que ya
anteriormente había afectado a Richarito fué el descubrimiento
fotográfico de los ángulos
trincardianos pues ya habían tomado muchas fotos. Por cada fotografía
que tomaban ya fuera Sir Ajab o Sir Oz, un segundo disparo se escuchaba
inmediatamente después. Era ni más ni menos que el captador de imágenes
de Richarito, que estaba tomando la misma foto pero un par de metros atrás
y uno o dos a la izquierda o a la derecha de quien tomó la primera foto.
Con ello se obtiene la misma imágen pero en un ángulo diferente,
uno trincardiano. Una galería de estos mismos, se presenta en Las imágenes
I.
Luego
de salir del Palacio de Gobierno, dirigieron sus pasos hacia la casa museo de
Diego Rivera, donde se estaba montando una exposición temporal de máscaras,
a la cual le tomaron un ángulo trincardiano puro, pues cada gráfica
es vista desde un ángulo diferente. En este edificio de tres plantas se
exhiben muchas pinturas, pero principalmente la ideología arquitectónica
de hacer todo en forma de laberinto. Así pues, hubo un momento en el que
nuestros valientes aventureros llegaron a una puerta sin aparente contenido del
otro lado y un pequeño parecía estarla cuidando. Por lo que Sir Oz
le preguntó al infante que si había algo más detrás
de la puerta,de esta manera:
"-¿Hay más allá?
-Sí, Sí hay."
respondió éste con total seguridad.
¡¡¡Una de las grandes dudas de la humanidad, resuelta por HAGEDIS, apenas en su segundo viaje!!! ¡Cuanta sabiduría les esperaba aún en el resto de su divina misión!. Mientras que esto sucedía Sir Trincardo continuaba embrujado y gritando sus frases como si en ello le fuera la vida. No cesaba de repetir "¡Que crezcas mucho mi amor!" y "¿Rayito me oyes?". Acción pronta debían tomar los más veteranos Caballeros Lagarto, y haciendo uso de la magia verde llevaron a Sir Trincardo por uno de los túneles subterráneos, quien al escuchar su propio lamento rebotar dentro de esos muros, volvió a la realidad y dejó de proferir improperios, pero quedó dañado y el efecto de estar medio animal, persiste.
Después de esto, caminaron hacia el santiamén de Ranajuato para tomar su transporte de regreso a casa, en donde, inmediatamente después de haber llegado, encontraron a Sir Yosolito y fueron con él a ver Betty Blue (por segunda ocasión). Aquí termina la relación del segundo viaje de HAGEDIS a las tierras masmedianas.